Origen del canto: “Astrología Interior” de Beatriz Villacañas

                                                           Adquirir: Astrología interior, Ediciones Deslinde, Madrid, 2019. Poesía, 226 páginas.

Astrología Interior se anuncia en sus intenciones y paisajes desde el título. No es ninguna tontería cuando lo hace con sinceridad, decía Joan Maragall, pues dice mucho del autor, de la autora en este caso. El título, tal y como saben ustedes tiene una función identificadora desde su origen para organizar esas volutas, volúmenes, que, a partir de la Ilustración, sobre todo, aumentan su interdependencia y presencia. El título sirve de pequeño anticipo del asunto, es una bandeja que anuncia y resume la cuestión de fondo, una azafata en su sentido primigenio que trae la carta, o un aviso para navegantes, al lector, en definitiva, indicando la dirección de correcta lectura, anticipándola con un sabor ajustado a cuanto paladearemos. Sobre todo, si hay una honradez autorial, un spraghis de verosimilitud, porque, obviamente antes de ese lector, que el poeta desea siempre sea ideal, está el autor, el escritor. Honradez que, por otra parte, no siempre se cumple.

El mismo Michael de Montaigne fue el primero en desvincular los títulos del tema, cosa que aquí no ocurre. En efecto, si el autor es sincero, decía el ya citado Joan Maragall por 1905 en el Diario de Barcelona, el artista cuando ya tiene la obra en su mano pondrá ese título, y si es realmente “sincero el nombre que dé a esta realidad, el título de la obra no esclavizará nada, porque será una mera indicación de lo que se formó en libertad antes que él naciera, y a la cual debe él su nacimiento; y tampoco engañara a nadie, porque, si el artista es sincero al bautizar la obra, su título no dará sino una justa esperanza de ella”.

Rafael Morales Barba presenta “Astrología interior” de Beatriz Villacañas, 31 de enero de 2020, El Corte Inglés, Madrid.

Astrología interior, como aquellas violetas del celebérrimo poema de Luis Cernuda, nada prometen que después traicionen y como ellas se ofrece en su virginalidad propia, sin impostura, en su delicadeza y fragilidad, sin trampa ni cartón. Los poemas de Beatriz Villacañas responden a esa honradez que se atiende a sí misma como origen del canto, lejos de la frialdad de la imagen por la imagen a la manera creacionista, por poner un ejemplo. No es tan habitual ese atenderse a sí misma como raíz del poema sino en los poetas fuertes diría Harold Bloom, esa fidelidad al mundo interior propio según propugnaba Rainer María Rilke, tanto como la atención a la fórmula, al virtuosismo en el ejercicio de las composiciones estróficas, de los metros y ritmos, a veces denostados porque se desconocen y que la autora no rehuye. En los tiempos en que muchas veces vemos la falta de construcción en los llamados técnicamente poemas irregulares por cuestiones de ritmo, Beatriz Villacañas sabe combinar lo libre con lo clásico, pues las composiciones pautadas no la encadenan, sino todo lo contrario, desencadenan, tal y como dijo el célebre José Gaos en un libro que Blas de Otero calcó en ocasiones. Nada menos, ni nada más.

Esta Astrología no solo por tanto es verosímil por el mundo interior que nos trasmite, sino mágica en el uso de metros, y siempre con esa pizca de misterios que es intraducible y donde reside el poema. Es cierto que el magisterio de Jorge Luis Borges hablara en Prólogos con un prólogo de prólogos de forma coloquial de ese todos sabemos de qué se trata, siempre quedan resquicios inaprensibles, ese resto donde reside la buena poesía al escapar del silogismo. Este es el caso de esta Astrología Interior con un mundo sublime, íntimo y riquísimo, inusual en el reconocimiento de algunas deudas y algunos esteros personales, o si prefieren en ese cielo de especulaciones y disquisiciones interiores, que someten al soneto y la lira, plenamente vigentes en muchos de los nombres grandes de la poesía española contemporánea, y a los que incorpora el verso libre, blanco, los haikus donde se encuentra libre.

Beatriz Villacañas en la presentación de su antología “Astrología interior” (Ediciones Deslinde, Madrid, 2019).

De casta le viene al galgo. Así compone y nos entrega una trayectoria ya larga en poesía, más de diez libros, sin que entremos ahora en su labor como ensayista, profesora universitaria, traductora o crítica literaria. Por sí sola su obra de creación forma un renacimiento de la palabra, de las luces y sombras, tormentas y calma, belleza y misterio, nos dice la autora. Poesía vivencial, donde la pulsión amorosa y donde la vida nos reclama, “y me llama la vida y me construye/ corazón en tormenta, pero amigo”, puesto que sin temor avanza en las tres heridas que Miguel Hernández resumió magistralmente, las de la muerte, las del amor y las de la vida. A ello añade Beatriz Villacañas una atmósfera de misterio, muy presente siempre, donde envuelve los versos de amor, pero otras se detienen en el yo, en el ignorado que sufre en silencio y al que se acerca con caridad y a su “voz insignificante de un abismo pequeño”.

Eso nos dice, pero no en abstracto, porque sus poemas miran tanto a su origen, al oikós, a los padres, como a los a las afueras, y se fijan e identifican con célebres escritoras que fueron perseguidas por el estalinismo, como Marina Ivánovna Tsvetáyeva. Se rinden a su ejemplar resistencia, y a esos hijos perdidos por culpa de la represión, ese amor, que, pese a la desgracia y la caída en las simas de la depresión, no se rinde, y donde vuela a lo alto “desde cada estrella arraigada en tus entrañas”. La identificación, las correspondencias, diría Charles Baudelaire (aunque el francés con otro sentido), entre ambas encuentra su identidad hacia dentro, hacia ese adentro nutricio como surtidor del canto o leche nutricia, el canto que va desde esas estrellas interiores donde hay un refugio y un horizonte que se derraman en versos, a la manera de la leche de las vírgenes bizantinas o galactotrofusas para formar la vía láctea del poema.

Y en esa identificación el amor salva la muerte, sobrevuela a la muerte. Y seguro que es un asunto que les suena del barroco español, de la poesía barroca española, quería decir. Pero ustedes se han acercado a Ámbito para escuchar a Beatriz Villacañas y su poesía en esta Antología, ojo, Antología y no “Antojolía”, cuidada, pensada, medida, que recorre con tino toda una trayectoria y no estas palabras que solamente quieren ser un antetítulo de todo lo bueno con que les dejo ahora.

Muchas gracias.

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