La riqueza protoidiomática de Marta de Arévalo

Lo primero que hice cuando llegaron los dos soberbios volúmenes (Obra en el tiempo, Ed. Deslinde, Madrid, 2020) de la excelente poeta uruguaya Marta de Arévalo, fue concentrarme en su poesía inédita, para disfrutar de su riqueza protoidiomática y tanática.

Pocos son los poetas que recuerdan su historia oral-traumàtica como Marta en su conmovedor poema “Rebeldía” (1962):

Escribo para las mudas constelaciones
que iluminan mi universo.
Escribo para calmar una sed inmensa
que me reseca adentro.

Aunque todo poeta es tanático, son raros los que se imaginan presenciar su propio entierrro:

Todos rezan
se aproximan a mi ataúd
con mirada ávida
de coleccionistas

(“IX”, en Afuera la lluvia, 1981)

Las experiencias oníricas metafísicas de los poetas, cuando se desprenden de su cuerpo para viajar por el universo, también le ocurren a Marta:

Desterrada de mi cuerpo en sobresalto
extrañas noches me ausento de mi cuerpo
y del brazo de la magia iluminada
voy andando los antiguos laberintos

(“1”, en Vida secreta, 2004)


Célebres poetas y profetas conciben mensajes apocalípticos, como Nostradamus. Escuchemos a Marta:

En un sueño profético
yo he visto estallar el planeta.

(“Elegía por el planeta”, en Libertad, 1984-1988)

Los hispanoamericanos nos regozijamos con la poesía de Delmira, La Ibarbouru, Alfonsina… y ahora con Marta y el Grupo de los 9 de Uruguay.

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