“No creo que podría llevar una vida sin crear”. Entrevista capotiana a Manuel Adrián López

Un juego que nadie ve | Manuel Adrián López | Poesía | Ediciones Deslinde, Madrid, 2019 | 92 páginas.

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Manuel Adrián López.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Creo estar muy cerca de ese lugar. Es un pueblo de playa, una casita con patio para sembrar.

¿Prefiere los animales a la gente?

Algunas veces. De hecho, mi gata es uno de los grandes amores de mi vida.

¿Es usted cruel?

Todos lo somos un poco, a veces sin darnos cuenta. Intencionalmente, nunca creo haberlo sido.

¿Tiene muchos amigos?

Un puñado.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Lealtad. Saber que estamos cerca, aún en la distancia.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

He llegado a un punto en mi vida que nadie logra decepcionarme. No espero nada. Eso sí, los extraños siempre logran sorprenderme. Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams dijo: “Siempre he dependido de la bondad de los extraños.” Yo digo lo mismo.

¿Es usted una persona sincera? 

Siempre.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Leo, oigo música, tomo fotos, visualizo mi próxima estación.

¿Qué le da más miedo?

La manipulación disfrazada en ayuda.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

El comportamiento humano.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

No creo que podría llevar una vida sin crear, sin construir algo.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Camino.

¿Sabe cocinar?

Digamos que se puede comer, aunque con el tema del encierro me he aventurado y hasta he logrado ciertas recetas sin achicharrarlas.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

A la poeta cubana, ya fallecida, Elena Tamargo. Era la estrella más brillante.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Fe, aunque sea a un pedrusco.

¿Y la más peligrosa?

Marxismo.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

No creo. Aunque pensándolo bien, volvería a matar a ciertos personajes ya muertos.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Lo mismo que en la religión, me mantengo al centro. Detesto el marxismo. Últimamente me siento más conservador, será por las maniobras de la izquierda radical que me parecen nefastas.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Quisiera ser un libro. No hay mejor sensación en la vida de uno, que el descubrimiento de un libro. Esa primera vez; el olor que emanan sus páginas, los rastros que otros han dejado. Definitivamente, quisiera ser un libro.

¿Cuáles son sus vicios principales?

El pan y la mantequilla.

¿Y sus virtudes?

Ser gente primero, todo lo demás viene después.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Entre sorbos de mar pensaría: ¿Quién se encargará de mi gata?

(Tomada del blog Alma en las palabras, del escritor Toni Montesinos)